Los caminos de Zavala
 
 
Al asumir la cartera de Economía, el también premier, Fernando Zavala, ha dicho que sus principales objetivos son la reactivación económica, el aumento del empleo y la aceleración de la inversión pública. Los objetivos implican una reversión casi total de lo actuado hasta ahora, no solo por Alfredo Thorne, sino por los ministros de Economía del gobierno anterior.

La inversión viene cayendo desde el 2013 cuando fue 28.4% del PBI. La inversión privada y pública estaban en 22.7% y 5.7% del PBI, respectivamente. A partir de allí comenzó a caer, llegando a 22.9% del PBI en el 2016, lo que equivale a US$ 11,000 millones. La inversión privada cayó de 22.7 a 18.2 y la pública de 5.7 a 4.6% del PBI.

Esta caída está directamente relacionada con la desaceleración de la economía mundial y el shock negativo de precios de las materias primas. Hasta el FMI ya afirma que hay una relación de causa-efecto entre estos precios y la inversión en los países que dependen de ellos en más del 50% de sus exportaciones, como Perú.

En el 2015, el “paquete reactivador” del ministro Segura tenía como eje la reducción del impuesto a la renta de las empresas, cuyo impulso “positivo” se estimó en 0.7% del PBI. Pero eso no sucedió, como es obvio, pues los empresarios invierten cuando ven condiciones positivas en el corto y mediano plazo.

Este paquete no solo no revirtió la caída de la inversión privada sino que tampoco reactivó la inversión pública, que cayó 1.1% y 9.5% (cifra enorme) en el 2014 y el 2015. Y se sabe que el impacto de la inversión pública en el crecimiento es muy positivo, a diferencia del recorte de impuestos a los que más tienen, FMI dixit.

Y también se comenzó a caer la recaudación tributaria. Los ingresos corrientes del gobierno general pasaron de 22.6% en el 2014 a 18.9% en el 2016. Y por tanto también aumentó el déficit fiscal. En ese contexto, al ministro Thorne no se le ocurrió mejor cosa que hacer un “ajustón” en el III y IV Trimestre del año pasado, lo que redujo la inversión pública en 15%, lo que ha continuado en enero-mayo de este año, con una caída del 12%. Increíble.

Se sigue tropezando con la misma piedra. Se piensa que si los ingresos tributarios caen, entonces el “remedio” es cortar drásticamente la inversión pública a la cual se le considera como la “variable de ajuste” que permite reducir el déficit fiscal. Grave error, porque esa política procíclica, no hace más que agravar las tendencias negativas.

En esta situación, en lugar de usar los ahorros fiscales de las “vacas gordas” (lo que todavía se puede hacer) el gobierno se planteó metas de reducción de impuestos (IGV) para la lucha contra la formalización y el “destrabe” de las inversiones con APPs (Gasoducto Sur Peruano, Chinchero, Línea 2 del Metro, Aeropuerto Jorge Chávez), algunas con corrupción y lobbies. Los errores son evidentes, sobre todo la confianza en el “destrabe”, pues no se puede dejar como copiloto a la inversión pública.

Ante la evidencia del fracaso en reactivar la economía, a fines del 2016 se puso en marcha un “paquete de estímulo” de 0.7% del PBI que, sin embargo, no preveía un aumento de las metas del déficit fiscal porque, Thorne dixit, ese estímulo se financiaría “con el aumento de los ingresos tributarios que serían producto de ese mismo paquete” (sic).

Ciertamente, la gestión del gobierno se ha visto además afectada por el Niño costero y la corrupción de Odebrecht. Pero la reconstrucción puede convertirse en una gran oportunidad para la reactivación, siempre y cuando las prioridades estén bien marcadas (ojo con las APPs, pues la legislación vigente va a causar problemas). El gobierno va a destinar 3.3% del PBI (US$ 6,600 millones) en los próximos años y se han ampliado las metas del déficit fiscal. Lo cual está bien. Pero es aún insuficiente.

¿Por qué? Porque cargamos con el lastre de varios años de políticas fallidas que nos acercan a una recesión, sobre todo en el sector no primario. Según el BCR el PBI caería de 3.9 a 2.8% del 2016 al 2017 lo que tiene incidencia directa en la disminución de empleos formales (más de 100,000 en el último periodo).

Pero si se apunta en la dirección correcta, las cosas pueden mejorar. Dicho esto, el BCR tiene que acompañar la política económica bajando la tasa de interés para estimular las inversiones. De enero del 2015 a febrero del 2016, la tasa de interés aumentó de 3.25 a 4.25% y solo bajó a 4% en mayo. No, pues.

Para terminar, es claro que el ruido político actual tiene impacto sobre la situación económica. Pero no es posible afirmar que ese es todo el problema y que, superado éste, otra vez creceremos al 6%. No. Esta sigue siendo una economía dependiente de materias primas, con mercados concentrados en pocas manos, con instituciones débiles y que, además, ha tirado por la borda los avances del ex ministro Ghezzi para avanzar hacia la diversificación productiva.

La reactivación económica es el punto de partida sine qua non para lograr esas metas e, incluso, para avanzar en la reducción del ruido político. Veremos por dónde nos lleva el ministro Zavala.

Publicado el 28 de Junio de 2017
   
 
   
 
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